Capítulo XVIII
–Tus deseos son ordenes Catalina – toma a Catalina en brazos y sale del río y al llegar la acuesta sobre su abrigo – Catalina, mi Catalina – acariciando todo ese cuerpo empapado – dime Catalina ¿Cómo es posible que tengas ese cuerpo tan delicioso? – besando uno de los botoncitos rosas de Catalina mientras el otro lo pellizca con sus dedos hasta ponerlo duro

–Ahhhh, eso es porque en Londres, aunque soy una mujer libre yo siempre ayudaba a la servidumbre de la mansión del señor Alejandro, aunque m
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