–Pero no me puedes negar que tengo la razón, sabes muy bien que jugaste con los sentimientos de Catalina, hiciste que se enamorara de ti ¿y todo para qué? Para que al final terminaras vendiéndola como si te importara poco, y para que después gritaras por todo el puerto que ahora si ibas a darle su libertad, sin mencionar el pequeño detalle de que ella abortó a tus hijos
–¿Qué más podía hacer? No quería perderla – dando un largo suspiro – mis hijos…
Suspirando – no me has querido decir ¿desde cua