51. La cara del mal
Arin no correspondió el beso; sin embargo, no la rechazó abiertamente. No quería hacerle un desplante público y atraer más la atención sobre ellos. Intentó disimular su incomodidad con la mejor sonrisa que pudo, pero en el fondo se sentía molesto que lo pusiera en esa posición.
— Debemos despedirnos, pero les agradecemos su tiempo y que se trasladaran esta mañana hasta aquí—, comentó para terminar la presentación.
— Hablo en nombre de todos aquí, estamos felices de que la señorita Pari pudiera