—Yo acababa de verlo llorar al relatar tu muerte —continuó— y ahora lo veía derramar lágrimas silenciosas, pero su rostro era terrible, cuando me sintió volteó su arma hacia mi pero me reconoció de inmediato. Cerró los ojos de la chica y lanzó un juramento que me erizó la piel. Cuando salió yo fui detrás de él, y en el callejón detrás del hotel estaban tres tipos más que al verlo salieron corriendo, pero eso no les valió de nada, con absoluta calma levantó su cuarenta y cuatro y los abatió como