Tatiana soltó el flácido y arrugado miembro de Morozov con un gesto de repugnancia, pero ella era del grupo de los que hacen lo que debían hacer sin importar lo que sea para alcanzar sus objetivos.
Se levantó del piso y puso el cuchillo de nuevo en la garganta de Morozov quien dió un respingo al sentir de nuevo el frío y filoso cuchillo afincado en la piel de su garganta.
—¡No me mates, Dama Negra! —salió el grito incontrolable de su garganta, de inmediato la escena cambió y los acontecimientos