Después de asearse y arreglarse un poco se sirvieron una frugal cena, y se prepararon para dormir, en la mañana continuaba la dura jornada y necesitarían de toda la energía de que fueran capaces. Al poco rato estaban durmiendo profundamente, aunque Velkan nunca estaba completamente rendido, su cerebro estaba entrenado para despertarse al menor ruido sospechoso que rompiera el silencio de la noche.
Esa mañana, el pelotón había marchado a grandes pasos, al mediodía se encontraban en la cima del p