Clara contempló las muñecas amontonadas en el maletero y en el asiento trasero, sumida en sus pensamientos.
¿Don Juan, también tiene este gusto?
De vuelta en la residencia, los sirvientes se quedaron sorprendidos al ver las muñecas, sin entender lo que Felipe pretendía con ellas. Juan, al verlas, pensó que Felipe las había comprado para Clara y regañó a los sirvientes.
—¿Por qué están trayendo las muñecas que Felipe compró para Clara?
Clara se apresuró a explicar:
—Don Juan, estas no fuero