Rosa también estaba presente y le dijo en voz baja:
—Clara, ¿cómo te atreves a hablar así del señor Ramírez? Eres una niña que realmente no da tranquilidad.
Clara, aún enfadada, respondió:
—No es mi culpa, es toda su culpa.
—Él es tu jefe, tu sostén de vida. Si él está equivocado, debes soportarlo.
—Pero él ha ido demasiado lejos. No puedo soportarlo, además, no estoy contando con su dinero para vivir.
El personal del departamento de secretaría no se atrevió a dejarla entrar por su cuenta