Ania ya había guardado su teléfono y, entrecerrando los ojos, escudriñó el tranquilo patio por última vez antes de bajar de la montaña.
Al mismo tiempo, en el lado de Celestia, ella ya estaba al tanto de la visita de Ania. Celestia había instalado cámaras de vigilancia en los rincones de su casa, y en el momento en que Ania entró, la vio en la pantalla de su computadora. Aunque la cara de Ania le resultaba extraña, la mirada en sus ojos la llenaba de temor, y a través de la pantalla, Celestia r