Cuando Ricardo regresó al hospital, Felipe ya estaba allí, sentado en el coche fumando un cigarrillo. Al ver a Ricardo, lo llamó para que subiera al coche, evitando que fuera al lugar del accidente. Temía que, en este momento, la aparición de Ricardo pudiera resultar en un ataque de las furiosas familias de las víctimas. Aunque no era hábil consolando a las personas, observó a Ricardo, que parecía desorientado, frunciendo el ceño con evidente preocupación.
Le ofreció un cigarrillo a Ricardo y d