Felipe observó cómo disfrutaba de la comida, y una sonrisa de ternura se formó inconscientemente en la comisura de sus labios.
—Come despacio, nadie te lo va a quitar.
—¿Puedes dejar de meterte en todo? ¡No te limpies las manos, y quítame esos camarones también, se ven deliciosos! —ordenó Clara.
Felipe no se molestó y comenzó a pelar los camarones del plato.
Natalia los miraba interactuar, sintiendo una mezcla de celos y enojo. Había escuchado que a Felipe no le agradaba Clara y que se opon