Don Felipe parecía enfrentarse a un dilema sin resolver, incapaz de encontrar una solución adecuada, y su dolor de cabeza se intensificaba.
No pasó mucho tiempo antes de que su teléfono sonara. Era Clara.
— ¿Cuándo vas a volver, cariño? ¿Vas a practicar hoy? — preguntó Clara con voz melosa, desencadenando otra tormenta en la mente de Felipe.
— Enseguida —respondió él. Estaba seguro de que si se atrevía a decir que no iba a practicar, Clara seguramente dejaría todo y se iría.
Felipe colgó el