La respiración de Felipe casi se había convertido en jadeos. Su mano estaba apretada en un puño y sus ojos oscuros brillaban con una intensidad diferente.
Miraba fijamente a Clara en la cama, sintiendo un deseo ardiente de subirse encima de ella y disfrutarla por completo.
Pero finalmente, la razón venció a la pasión. Sabía que si avanzaba en ese momento, estaría cometiendo un acto ilegal. Además, ¿realmente le gustaba Clara? ¡No, no le gustaba en absoluto!
Ella lo había estado enojando todos