Clara aún no había terminado de comer cuando Felipe regresó corriendo.
Vestía ropa deportiva negra, zapatillas negras, empapado en sudor, con toda la apariencia de ser salvaje y con las hormonas masculinas a flor de piel.
Natalia, al ver la situación, se levantó rápidamente y se acercó.
—Felipe, has vuelto, ¿corriste muchos kilómetros? Has sudado mucho, date prisa y sécate, ten cuidado de no resfriarte. —dijo Natalia, entregándole a Felipe una toalla blanca con actitud de ama de casa.
Clara,