En ese momento, Melina también vio a Sotiria. Ella inmediatamente extendió sus manos y rogó por misericordia.
“Tiria, sálvame, por favor. ¡Tiria!”.
La mirada de Sotiria se volvió fría. Ella caminó hacia el garaje.
“Tiria…”. Los efectos de la droga hicieron que Melina se calentara como si estuviera en llamas. Su piel estaba empapada de sudor.
“Mírame. Ellos me obligaron a beber algo. Si esto sigue así, estaré acabada. Sé que solo me están haciendo esto por tu culpa. Diles que me den el antído