Sotiria sentía como si alguien la estuviera estrangulando. No tenía idea de cómo había logrado responder.
“¡No! ¡No es verdad! Estás mintiendo. Solo estás tratando de convencerme de que tus acciones en mi contra estaban perfectamente justificadas. Es por eso que has inventado deliberadamente esta mentira para engañarme”.
“Oh, ¿eso crees?”.
Renata se dio la vuelta y miró a los dos hombres feos a su lado. La sonrisa de Renata era amarga y llena de decepción.
“Ya me diste esa bebida. En solo un