“Señorita Green, ¿te sientes cálida, vacía y sola? ¿Necesitas urgentemente un hombre que te ayude a aliviar la sensación de ardor en tu pecho?”. La voz que venía de arriba sonaba ronca y áspera, con un aura vulgar en sus huesos.
Sotiria quiso levantar la mano para limpiarse la capa de agua fría que le nublaba la visión, pero se dio cuenta de que tenía las manos atadas. Solo podía parpadear vigorosamente, y solo entonces pudo ver que el hombre parado frente a ella era un hombre extremadamente as