Sin embargo, a pesar de haber recuperado sus sentidos, Sotiria no se movió.
Ella no sabía lo que le sucedía. Era obvio que ella podía apartarlo muy fácilmente. Incluso podía bajar la cabeza con facilidad y evitar su beso… Pero no lo hizo…
Su apuesto rostro divino, sus hermosos ojos deslumbrantes como cristales de hielo y su aliento eran irresistibles para ella. Estaba llena de un impulso de abandonar todo y saltar, a pesar de saber que un abismo mortal se avecinaba.
Ella se quedó obedientemen