Cuatro años después…
“¡Charlotte Simmons!”. Una mano grande que se sentía tan fría como el acero apretó el cuello de Sotiria abruptamente. “Dime, ¿por qué me traicionaste?”.
Sotiria, que tenía dificultad para respirar, no podía emitir ningún sonido.
La mano se apretó a medida que pasaba el tiempo, y los ojos que la miraban se veían fríos, sombríos y sanguinarios.
“¿Por qué?”.
“¿Qué te he hecho? ¿Por qué?”.
“¿Por qué?”.
“¡Ahh!”. Sotiria despertó con un grito, su frente estaba cubierta de s