“Segundo Tío…”. Al ver a Zachary, que se acercaba cada vez más con una expresión tan fría como un glaciar y una mirada tan asesina como la del mismísimo diablo, Zenios sintió una desesperación que solo se podía sentir en presencia del día del juicio final. Si no fuera por Charlotte, que se aferraba a su cuerpo, él se habría arrodillado y le habría suplicado piedad.
“¿Puedes tranquilizarte y escuchar mi explicación primero? Yo-”.
“¡Cállate y sostenla con cuidado!”. La voz de Zachary era tan frí