Se apagó el motor del coche. Todo estaba en silencio. La voz coqueta y femenina de Tiffany no era exactamente fuerte, pero Charlotte podía escucharla con mucha claridad desde el tercer piso.
"Ya es suficiente, Zenios. Puede que estemos a salvo en mi casa y nadie nos vea, pero…”.
"¡Vamos!".
Tiffany y Zenios se arrastraron de un lado a otro mientras entraban en la habitación.
Charlotte se quedó estupefacta en el acto. Su mano derecha temblorosa agarró su teléfono.
‘¡Zenios! ¡El hombre que sie