Zachary continuó en ese momento. “Niñita, nunca te obligaría, y mucho menos te haría sufrir si este no fuera el último recurso, así que no me culpes”.
Charlotte quería decirle que no lo culpaba. Sin embargo, tampoco pudo decir nada. Ella sentía como si tuviera una espina de pescado atorada en su garganta, y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin control.
Zachary, que estaba tan ocupado como el emperador de un reino, estaba ocupado diariamente con muchos asuntos importantes. Sin embar