El sonido de una respiración agitada a mi espalda hace que el miedo se extienda por todo mi cuerpo.
—Tranquila, me mandaron a cuidarte.
El escalofrío es inmediato porque reconozco esa voz… Es el primo de Victoria.
Intento soltarme, lo golpeo y forcejeo como puedo, pero él apenas se inmuta. Sin esfuerzo me arrastra hacia una zona más oscura del pasillo, lejos de las luces y de la música que llega desde la fiesta.
—Deja de resistirte. Nadie va a escucharte.
El pánico termina apoderándose de mí, c