Acepto la copa mientras Victoria me sostiene la mirada durante un instante. Después la alzo hacia Amaya y nuestras copas chocan suavemente antes de que ambos llevemos el cristal hacia los labios o al menos esa era la intención, porque cuando estoy a punto de beber, me detengo y una idea acaba de cruzar por mi cabeza.
—Creo que será mejor que no.
Amaya baja la copa y me observa con curiosidad.
—¿Qué ocurre?
Muevo ligeramente la copa entre los dedos.
—Vine manejando y considerando cómo conduce la