—Fredery... cuánto tiempo.
La voz de la mujer rompe la tranquilidad que había encontrado en aquella terraza. Instintivamente vuelvo la mirada hacia él y algo dentro de mí se tensa al descubrir que la sonrisa que había aparecido durante nuestra conversación ha desaparecido por completo.
—¿Fredery, estás bien? —pregunto en voz baja.
Él aparta la vista de la mujer para mirarme.
—Estoy bien.
La respuesta llega demasiado rápido.
—Pareces un poco pálido.
—Es la iluminación.
Lo dice con tanta seriedad