CAPÍTULO VEINTISÉIS
Llegada la hora de almuerzo, una llamada de la línea del trabajo sobresalto a Emily, miró el visor y puso en altavoz el teléfono de la oficina, ya que sabía de quien se trataba.
—¡Te he llamado mil veces y no me contestas el puto teléfono! —gruñó Aiden realmente molesto, quien tomaba su vehículo para dirigirse a una reunión en uno de los hoteles con los socios de Tailandia.
Emily respiró profundo tratando de alejar aquella herida que comenzaba abrirse en medio de su pecho.
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