CAPÍTULO DOSCIENTOS DIEZ
Las piernas de Emily estaban enredadas con las piernas de Aiden. Ella tenía los brazos colgando fuera de la cama, mientras Aiden la abrazada por la espalda y la aprisionaba de la cintura. El aliento cálido de él le hacía cosquillas en su cuello, pero estaba tan cómoda que no quería abrir los ojos, sin embargo, su momento de relajo quedo ahí, cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta de su habitación.
—¡Mamá! —gritó Ada y Emily abrió los ojos de golpe—. ¡Mami!
—Ya vo