CAPÍTULO CIENTO ONCE
—Sin trabajo, sin casa y con pocos ahorros… —cuestionó Aiden a su ex mujer—. ¿Qué harás Emily? ¿Qué le darás a los mellizos? ¿migajas y harapos? ¿Ese es el futuro que quieres para ellos?
Emily apretó sus puños a cada costado de su cuerpo y se mordió el labio con mucha fuerza que pudo saborear en la punta de su lengua su propia sangre. Lo miró dolida y decepcionada, era como si su ex marido le pegara una patada en el centro de su estómago sin ningún tipo de remordimiento.
Ai