CAPÍTULO CIENTO NOVENTA Y SIETE
El encargado guardó la carpeta en un estante de archivadores y luego les guío por varios pasillos estrechos y opacos, que daban la sensación de estar recorriendo un laberinto un poco sofocante.
El lugar era frio, de paredes azul oscuro y tenía un aura tenebrosa, ya que las luces eran bajitas y apenas alumbraban el corredizo, además no poseía la ventilación suficiente, no había ventanas, solo puertas en cada sector de la pared con un número en ellas.
Y el silencio