El mayor recuerdo que tenía Ian y lo atormentaba en las mañanas en aquella casa grande, eran los momentos que pasaba con Emely en la cocina. Ella cocinaba y él la observaba, porque le fascinaba verla en pijama, preparando café y untando mermelada de mora en las tostadas.
Curiosamente, el café ya no sabía igual desde que se había dejado con Emely. Le hacía falta algo; tal vez por eso decidió tomarlo amargo, para que no le sentara tan triste como antes.
Y esa sensación pegajosa del líquido que le