Se acostaron uno en brazos del otro, ninguno de ellos dijo una palabra. No sabían qué decirse en ese momento.
Kiara de repente se estremeció, sacando a Zane de sus pensamientos. Él la rodeó con sus brazos y la acercó más.
“Probablemente deberíamos vestirnos para que no te resfríes”, murmuró él y ella asintió. Ambos se sentaron y ella observó mientras él recogía su ropa.
Sus mejillas se pusieron rojas mientras hacía todo lo posible por no mirar su cuerpo desnudo, pero maldita sea, era tan