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Tristán Tragué saliva con dificultad ante el recordatorio. Ahora, frente a ella, ese recuerdo me parecía una tontería. Todavía no tenía idea de lo que ella sabía o recordaba de esa noche, o de la versión de los hechos que Alistair le había contado. Sin embargo, cuando vino a mi oficina al día siguiente, la culpa creció en mí. La había rechazado como me había prometido a mí mismo, sin dejar posibilidad de contacto. Al fin y al cabo, había una razón por la que se había ido en primer lugar, y conmigo en un segundo plano en su mente, junto con los problemas que había pasado, sería más feliz. En el momento en que la puerta de mi oficina se cerró de golpe aquel día, repetí esos pensamientos como para convencerme a mí mismo, pero el remordimiento ya se había apoderado de mí. Y ahora… Sus impactantes ojos de cervatilla atravesaron los míos. Había guardado silencio durante un rato.<






