Melisa se sentó en una silla cómoda, con Luna dormida en sus brazos. La habitación estaba en silencio, excepto por el suave sonido de la respiración de la pequeña.
Melisa miró a Luna con una sonrisa, admirando su pequeñez y delicadeza.
Melisa: "Eres tan pequeña y perfecta, Luna. Te quiero mucho ya".
Luna movió ligeramente sus manitas, como si estuviera soñando con algo.
Melisa: "¿Qué sueñas, pequeña? ¿Estás volando con los ángeles o jugando con los lobos?"
Melisa acarició suavemente el cab