Levanto la vista al frente y veo a alguien parado en la penumbra, me muerdo con fuerza el labio y mi cuerpo tiembla, trato de controlar lo mejor que puedo mis impulsos de chillar de miedo, no quiero que este hombre se ponga más histérico de lo que ya está. Sin darle una respuesta cuelgo la llamada y guardo el teléfono en mi pantalón.
Camino unos metros más para acercarme, seguramente será una noche muy, pero muy larga y tediosa, ruego a Gaia porque no sea así.
Ella se acerca también a mí, tiene