Llegamos a la casa y vamos al cuarto, no he parado de besarlo y él suelta leves risas, parece ser que le divierte tenerme así de atontada, me siento completamente ajena a todo lo que nos rodea.
—Debo admitir que me siento alagado de que por fin te atraiga mi olor.
—¿Ha sí? — Paso una de mis manos por su cabello suavemente. —¿Por qué?
—Donna, mi olor a atraído a muchas hembras y me sentía algo ofendido que a mi esposa no le atrajera en lo absoluto, claro que lo entendía por tu problema con tu ol