Mia:
Kate y yo entramos en el bosque. Una vez más me había convencido para salir a correr con ella. Sin embargo, Nora, mi loba, estaba emocionada por liberarse.
No recordaba la última vez que la había dejado salir.
El sol se estaba poniendo, proyectando un cálido resplandor naranja sobre los árboles.
Kate sonrió, con los ojos brillando de emoción mientras se desataba las zapatillas. Nos quitamos la ropa junto al lago, listas para cambiar.
Los huesos crujieron y la piel se estiró. El pelaje brot