CAPÍTULO 84: LA VISIÓN
Gaia
—¡Kalixta, apártate! —exclamo.
Ella apenas alcanza a agacharse cuando el extraño lobo se abalanza hacia ella, pero consigo llegar a tiempo. Me arrojo sobre él y enseguida nos convertimos en una especie de bola de pelos rodando por la nieve y dejando un surco a nuestro paso.
Si mi condición no estuviera tan débil acabaría con él de una sola mordida, sin embargo, los estragos del hechizo comienzan a evidenciarse de inmediato en mi cuerpo. El lobo deforme me ataca con u