Alexander
Alexander
Por: Blanca Rios
PREFACIO

Algunos tuvieron o tienen la dicha de tenerlo todo y esas personas son las que no saben valorar lo que tienen; otros como yo, no corrimos con esa misma suerte ya que desde que tengo uso de mi conciencia me di cuenta que no tengo familia.

Nací en un orfanato y apenas tengo ocho años y me doy cuenta que soy diferente a los demás, intento saber quienes eran mis padres, me lleve una enorme decepción haciendo que no deseara saber más de mi familia. Mi madre era una drogadicta y de mi padre no tengo ni la más remota idea, pero, con solo saber que ella no era la madre que anhelaba deje de preguntar por ellos a las monjas que me cuidaban.

Llore en silencio por lo amargo que es saber la cruda verdad de lo que fue mi vida y mi familia, si a eso se le puede llamar familia. Cuando las hermanas me descubrieron husmeando en la oficina de la madre superiora me castigaron pero no me importo.

Me alejo de cualquier niño porque todos Vivian esperando a que llegara el día domingo, el día en que alguna familia llegaba para adoptar a uno de nosotros, es tonto esperar que van a ser felices en un hogar que solo representa el reflejo del hogar que debimos tener en el momento en que nacimos.

—Alexander, ya debes estar dormido. —la hermana que me cuida constantemente entra a la habitación que compartía con otros niños.

La ignoro y sigo observando por la ventana mientras mi mente divaga al observar la oscura y lloviosa noche, había una enorme tormenta eléctrica que provoco un apagón en el orfanato de San Miguel.

—¿Quién es ella?

Mis ojos observo que alguien venia hacia las puertas del orfanato, no podía ver su rostro, estaba oculto, pero si logre ver su cabello, era rizado y rojo. La mujer traía consigo en brazos a una niña, pero estaba dormida.

La monja se acerca para ver lo que yo veo por la ventana al ver que la mujer sale huyendo baja de inmediato, la escucho llamar a la mujer que hace unos momentos salió corriendo después de dejar a la niña en la puerta.

Curioso por saber lo que esta pasando baje las pocas escaleras, pero antes de que pudiera llegar me detuve cuando vi que había muchas monjas llevando a la niña peli roja hacia la oficina de la madre superiora.

Al siguiente día todos los niños estaban despiertos a tempranas horas de la mañana cuando vieron que las familias empezaron a llegar pero había uno que llamo mi atención, un hombre con su cabello muy bien arreglado hacia atrás, su rostro estaba libre de algún vello y fue entonces que me vio desde donde se encontraba, su mirada era extraña para mi.

El venia solo, no traía a ninguna mujer consigo, traía un abrigo que le llegaba hasta los tobillos, su vestimenta no algo diferente al de un padre de hogar. ¿Quién es el?.

Después de perderlo de vista a los minutos una monja viene y me dice que alguien a decido adoptarme llenando mi cabeza de confusión porque no he visto a nadie para que alguien ya quiera a adoptarme, pensé que era una equivocación pero cuando llegue hasta la oficina de la monja mas anciana lo vi, el mismo hombre extraño que vi entrar y que me miro por un rato.

—El es Alexander, es un niño muy reservado, pero es adorable se lo puedo asegurar.

Observo a la anciana porque lo decía para deshacerse de mi, el me mira nuevamente y ladea una sonrisa.

—Es el indicado. —mira de nuevo a la monja. —Prometo que será un gran hombre en el futuro. ¿Nos vamos Alexander?

Ni siquiera se presentó, es obvio que no está aquí para convertirse en padre. Cuando salimos del orfanato la vi, sus ojos eran preciosos, como un par de esmeraldas. Si no fuera por el llamado constante de mi nuevo padre estaría un poco mas viendo la mirada perdida de aquella niña.

—Desde ahora serás Alexander Calloway.

Cuando llegamos a mi supuesto hogar me detengo a observar, parece mas una prisión que una habitación.

—Desde mañana empezaras tus entrenamientos para ser un cadete. —me mantengo en silencio. —No soy tu padre, si tienes mi apellido es por que esas monjas no dejarían que te sacara a menos que te diera mi apellido. —es algo que no me sorprende. —Espero que seas de utilidad, si no lo fuiste para tus padres verdaderos, espero que lo seas conmigo porque odio los estorbos.

Claro, porque más estaría aquí, nadie adopta con las mismas intenciones y para mi suerte me toco un hombre que tenia otros planes conmigo que ser un padre pero no importa, si estoy aquí, me convertiré en alguien al que todos teman y cuando digan mi nombre temblaran.

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