15. Micaela, las verdades aveces duelen
Las campanas de la catedral dan las doce en el justo momento en el que el carruaje para delante de un gran edificio. Armand me ha ayuda a bajar del carruaje, besa mi mano y se despide de mi.
Cojo aire y comienzo a caminar con la cabeza bien alta, no tengo nada de lo que avergonzarme. Paso al salón, allí hay sentadas varias damas, entre ellas está Beátrice y su hija como suponía al menos ella no está aquí. Creo que por mucho titulo que posea no la aceptan.
Saludo educadamente y me siento junto a