El domingo, Cindy no vio ni supo de Miguel Ángel en todo el día. Después de levantarse y ducharse, bajó las escaleras y se preparó un bol de cereales. Mientras estaba sentada en la mesa desayunando, esperaba que él entrara por la puerta en algún momento, pero no pasó nada.
«Tal vez se haya marchado», pensó decepcionada, y sólo con dificultad pudo evitar salir a la calle para ver si su coche estaba allí.
De alguna manera mató el tiempo hasta la noche. Leía, veía la televisión y dormía entre me