Cindy se quedó clavada en el sitio, con la cabeza puesta en lo que había pasado. Entonces, con una mezcla de horror y alivio, se dejó caer en una silla y respiró profundamente.
Sacudiendo la cabeza, se preguntó qué demonio había impulsado a Miguel Ángel a bajar aquí semidesnudo, aunque sabía perfectamente que no estaban solos en la casa. Esperaba fervientemente que Ernesto no hubiera sospechado, que no se le ocurriera contarle nada a Gloria sobre esta escena.
En silencio, se acercó a la puert