Esa manera en que ella nos observa me molesta mucho y me asusta a la vez. Pienso rápidamente y lo primero que se me ocurre es hacer una pregunta básica sin sonar asustada.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Es mi hija.
En lugar de responder otra cosa, ha reconocido en voz alta que Mía era su hija. Mi respiración se corta de a poco hasta que se vuelve muy difícil respirar.
—Devuélveme a mi hija.
—¿Tu hija?
Estaba en shock, ya sabía que era su hija y la pregunta que he hecho es absurda. No obstante... Ya