— ¿Dónde estás? ¿Por qué no contestas mis llamadas después de tantos días? ¿Ya ni siquiera reconoces a tu propia madre?
Tres preguntas seguidas, cada una con un tono más severo que la anterior.
Mateo respondió con indiferencia: — Estoy de viaje de negocios. Ocupado, sin tiempo para contestar.
— ¡Vuelve a casa ahora mismo! ¡Inmediatamente! ¡Si no regresas, olvídate de que soy tu madre!
Mateo notó algo extraño en su voz. Sin hacer más preguntas, colgó y se dirigió a la casa familiar.
Apenas llegan