Diciendo esto, le entregó los papeles y el bolígrafo.
—Me voy entonces.
Jorge solo pudo sonreír y decir —Bien. Hasta luego.
—Sí, vamos profesor, esa cafetería está justo cerca de donde vivimos, hay una cruzando la calle.
La misma a la que había ido cuando habló con Jorge la última vez.
...
—¡Llegó el café!
Roberto, Jenny y Boris aparecieron al instante.
—¡Gracias profesor, gracias Lucía!
—¡Qué pena hacer que ustedes dos, tan ocupados, hayan tenido que ir!
Roberto insertó la pajilla y dio un gran