Sin embargo, después de encontrar a Hua Lifang, él no le dio los vestidos.
No sabía por qué. Al igual que el pequeño brazalete de plata, él tampoco se lo dio a Lifang.
Era como si una vez que se los diera a Lifang, todos sus años de extrañarla llegarían a su fin.
'¿Qué diablos está... pasando?'.
Durante dos días, todo lo que él podía pensar era en el comentario que ella hizo el otro día cuando le dolía la cabeza.
‘¿Eso realmente fueron disparates?’.
Las marcas rojas en su muñeca se habían