Su declaración salió a la superficie:
—Dejaré de amarte, Gu Lichen. No lamento haberte amado, pero con el tiempo, mis sentimientos disminuirán. Quizás llegue un día en que nos crucemos en la calle, compartiendo un una taza de té y una conversación.
Tal resultado puede tener su propio atractivo.
Sin embargo, cuantas más palabras fluían de sus labios, más distorsionado se volvía su rostro.
—¿Olvidar? ¿De verdad crees que puedes olvidar?
—Yo... yo creo que puedo —respondió ella, encontr