Él sonrió.
—Sí puedes.
Su calma inmediatamente hizo que la tensión se desvaneciera. Una sonrisa se extendió por las comisuras de sus labios. Cuando ella vio su sonrisa, él cayó en trance.
A él le pareció hermosa la sonrisa. Cuando salió del auto, lo saludó con la mano y se dio la vuelta para entrar al apartamento, él levantó lentamente los dedos y le tocó los labios donde los había besado.
Sus labios normalmente fríos ardían ligeramente.
...
—¡Te registraste en un cuarto de hotel co