—Tengo que ir. La próxima vez llevaré a Keke a verte —dijo Gu Lichen mientras se levantaba.
—De acuerdo —dijo Ling Yiran.
Justo cuando Gu Lichen estaba a punto de llegar a la puerta de la sala, Ling Yiran dijo de repente:
—Lichen, cuando viniste al hospital ayer, Keke ... no lo malinterpretaste, ¿verdad?
Gu Lichen se rio entre dientes.
—Ella sabe que solía gustarme, ¡pero también sabe que me gusta ahora!
—Eso es bueno. —Ling Yiran se sintió aliviada. Keke es una buena mujer.
—Sí,