Las lágrimas se agolparon en los ojos de Sophia mientras apretaba los labios. Este era el momento que había imaginado tantas veces. Después de todo lo que habían pasado, ahí estaba, la propuesta de Michael.
Se había dicho a sí misma que ya no lo amaba, pero su corazón la traicionaba. La verdad era que sus sentimientos nunca habían desaparecido; solo habían estado escondidos.
—¿Mereces mi confianza para toda la vida? —preguntó, manteniendo sus emociones bajo control, negándose a ceder demasiado rápido.
Era su prueba. Si el amor era verdadero, resistiría incluso las pruebas más duras. Solo entonces podría volver a confiarle su corazón.
Michael colocó una mano sobre su pecho y, con un tono persuasivo, murmuró:
—Lo juro, Sophia. Te amaré, y solo a ti, por el resto de mi vida.
—Entonces… sí. —Sophia alzó la mano.
Michael deslizó el anillo de diamantes en su dedo, con las manos temblando de emoción. En cuanto quedó ajustado, la multitud estalló en vítores y aplausos.
Entre ellos se encontra