Los ojos de Reese se abrieron con sorpresa. Era él.
¿Había descubierto todo lo que ella y Blake habían hecho?
Entonces Bianca entró detrás de él.
Reese se congeló. Verlos a ambos allí solo podía significar una cosa: sabían lo que había hecho.
Bianca se acercó a ella, con el rostro endurecido, y le quitó la mordaza de la boca.
—Bianc… Bianca… —la voz de Reese temblaba, con las emociones hechas un nudo.
—¿Por qué? —preguntó Bianca con suavidad, pero con la voz tensa por la rabia. Esa sola palab